domingo, 9 de julio de 2006

La ciudad de Panamá y su simulacro de Modernidad

En Panamá lo verde crece de forma natural y sin mayor cuidado sobre el asfalto, entre las grietas de las tapias, en los patios traseros de las viviendas individuales de la periferia e incluso se come las calles.
Sus límites físicos son por un lado una extensa franja de bosques primarios y por el otro, el mar, de donde ha obtenido numerosos beneficios, sobre todo desde el punto de vista geográfico.
En cuanto al mar, todas las aguas residuales se descargan directamente a los ríos y estos se vierten a la bahía, su principal postal escénica. De hecho ocupa el segundo lugar, después del vertedero municipal, con los olores más repugnantes en toda la ciudad. La recuperación de este patrimonio natural se ha convertido en una excelente forma de propaganda política.
Por otro lado los bosques primarios son considerados como nuevos escenarios o metros cuadrados por conquistar e incorporar al mercado inmobiliario. Estos son devueltos como productos que prometen algo de esta naturaleza con nombres, la mayoría en inglés, tales como Rainforest Villas, Praderas, Bella Mare, Water View, Miramar, etc.
Si en la arquitectura se refleja este olvida o esta adecuación o adaptación al sistema por medios mecánicos el punto se hace crítico en la ciudad. La infraestructura urbana no ha sido acondicionada para este último, la lluvia torrencial la protección de la lluvia y el sol, o la utilización peatonal vivencias de la ciudad olvida todo este asunto. Lejos de una posición chauvinista, con el aumento del turismo y su slogan “the route less traveled” (o la ruta por descubrir) ha ocurrido un fenómeno de apropiación de parajes naturales valiosos por inmigrantes europeos y norteamericanos.
De modo contrario el aprovechamiento de las riquezas naturales e intervención y participación de lo humano en la naturaleza se vio reflejado claramente en la Zona Canalera donde no solo el trazado urbano y el diseño de la ciudad (Ciudad Jardín) sino también en las múltiples investigaciones sobre las formas de vida en el trópico y la diversidad de especies.
La ciudad tanto en sus formas como en su vivencia transita entre esta negación de la naturaleza o su contexto y una fascinación o quizás conformismo por el placer o el beneficio inmediato. Esta situación no solo ocurre como un disfrute de lo cotidiano sino también en términos de la memoria colectiva. La cultura de masas o el populismo ocupa su quehacer entre la celebración de eventos de fines de semana de música popular, la consumación de eventos con mucha propaganda y actualidad popular, la moda o lo novedoso, el anhelo de consumir que se hace evidente en razones o excusas disfrazadas.
La mayoría de los habitantes se priva de gozar una ciudad con tantos beneficios naturales. Esta situación no es buena ni mala sino que reflejan los valores de una tradición en la cultura urbana.

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